junio 06, 2006




Primera cosecha

Cumpliendo con lo que acordamos en nuestras primeras clases, publicamos las que -a nuestro criterio- fueron las mejores instrucciones de uso y descripciones de objetos cotidianos. Felicitaciones a todos por los laburos.

  • ¿Peine o cepillo?
    Autora: María Florencia Rodríguez

    Cotidianamente podrán observar que además de haber una gran diversidad de individuos con diferentes rostros, gestos, cada uno de ellos lleva consigo variedades de peinados y looks que, que los hace únicos e irrepetibles. Pero para que esto pueda realizarse tienen que seguir ciertos pasos para utilizar el instrumento que los hará diferenciarse de los otros: el peine, cepillo o como cada uno lo llame. Los hay de todas formas, tamaños y colores. Pueden tener los dientes más gordos y largos, finitos y cortos, también pueden ser redondos tipo ruleros, con mangos gruesos, finitos, de color marrón o negro, azul, rojo o verde. Pueden a su vez tener algunos complementos más pequeños como los invisibles en el caso de las mujeres, o una especie de gel que se pegotea y no permite que se caiga ningún pelito (utilizado tanto por hombres como por mujeres). Lo importante para estar bello/a a la hora de salir a la calle, limpiar la casa, ir al supermercado, al trabajo, a la facultad, a una cita, es seguir al pie de la letra las instrucciones de cómo usar el peine o cepillo. No importa si la persona es zurda o derecha, se lo agarra con la mano que más cómoda le quede. Generalmente se lo toma con los dientes mirando hacia abajo con el brazo semiflexionado y se lo desliza suavemente desde el cuero cabelludo hasta las puntas. Algunos hombres hacen el movimiento inverso, se tiran el jopo de abajo hacia arriba, quedándole una especie de melena de león característico de los 70. Es común en el caso de las mujeres que tienen rulos o el pelo muy largo que el utensilio quede a mitad de camino. Para resolver esto debe pasar más bruscamente el peine por esa zona conflictiva hasta que siga su curso y llegue a las puntas. Para las personas que tienen el pelo bien lacio es bueno utilizar un cepillo redondo y hacerse un brushing para así darle ala cabellera más volumen. Para ello se necesita tomar un cepillo, y con un movimiento envolvente enroscar en él mechón por mechón separados previamente con un par de ruleros. Movimiento siempre de arriba hacia abajo. Como se verá, lo común y corriente es hacerlo de esta manera: se tenga el pelo corto, largo, enrulado o lacio. La tintura es un complemento de los distintos looks y peinados y da un toque de personalidad a cada persona que prefiera tenerla: reflejos, mechitas, tinturas coloradas, rubias, negras y marrones, muchas veces son las que tapan esas canas que a una cierta edad comienzan a preocupar y molestar. Si no querés que determinada gente cuando te vea se acuerde de Palito Ortega y te cante su reconocida canción Despeinada, lleváte vayas donde vayas un peine o cepillo.

  • Mi Tijera
    Autora: Marcela Piñeyrúa

    Desde los veinte años, cada día de mi vida ella me acompaña y trabaja a mi par, sólo toma descanso cuando almuerzo o no la utilizo.
    Tiene ojos vacíos y helados como el metal, sus piernas son dos triángulos escalenos igual de filosas que una navaja, su cuerpo delgado pero rígido y su piel de acero la hacen fría. Todas las noches duerme fuera de mi casa y no sé cómo se siente sin mí, no sé si me extraña, si alguien más en mi ausencia la utiliza.
    Ella se llama Eiker, no conozco cuándo ni cómo llegó a Buenos Aires, sólo sé que nació en Alemania, y desde que llegó a mis manos no ha cesado de trabajar a mi lado, distintos domingos y feriados tuvo que acompañarme a hacer algunos trabajos y nunca me hizo un piquete, ¿o sí?. A decir verdad, recuerdo que algunas veces me peleo con ella porque no ha seguido las instrucciones de mi mano y ha pellizcado alguna que otra oreja. Algunas personas volvieron pero otras no, supongo que querían seguir conservando su oreja. A pesar de ello la sigo queriendo pues las dos nos complementamos y somos una pareja ideal. Cuando mis dedos entran en sus ojos de metal, ella cobra vida realizando cortes de cabello, es en este momento en el que nos conectamos o fusionamos y trabajamos como una sola pieza. Mi tijera es una prolongación de mi cuerpo y mente, quien a través de mi experiencia como coiffeur plasma en las personas mi creatividad.


  • El papel higiénico
    Autora: Nadia Micaela Paz

    Nunca pensé que a lo largo de mi vida iba a conocer tanto. Era muy chica cuando sentí el primero sin saber que a partir de ese momento siempre recorrerían las partes más intimas de mi cuerpo. Conocí muchos diferentes: gruesos con forma de cilindros, algunos ásperos, otros muy suaves, pero confieso que jamás vi uno negro.
    Recuerdo que a mis treinta años todos los martes hacia una reunión en mi casa con amigas. No sé por qué o si es común en las mujeres, pero terminábamos hablando constantemente de eso y parecía importarnos mucho el tamaño. Todas coincidíamos indignadas en que algunos mentían con su longitud pues eran siempre menor a lo que decían. Pese a esto yo sabia muy bien que en realidad no se trata tanto del largo sino que es mucho más importante el grueso. Una vez me encontraba en un baño que no era el mío. Estábamos ahí los dos. Yo miraba cómo colgaba, era muy blanco. Tímidamente lo toque, lo sentía muy suave. Tenia un perfume muy agradable pero me sorprendió que tuviera dibujado un perro (en mi época no se conocían muchos así). Para serles sincera estaba muy contenta, pensé que ese era perfecto. Pero al final son todos iguales: cuando lo fui a usar lo tomé en mi mano y noté que era muy fino. La sorpresa que me llevé fue muy desagradable.A veces, por abusar de su uso me irritaba, produciéndome un ardor insoportable. Pero nunca pude prescindir de él y estuve constantemente dispuesta a probar una y otra vez. Si por alguna circunstancia de mi vida no lo tuve, confieso que la pase muy mal. En esos momentos traté de reemplazarlo, pero no era lo mismo. Hoy con mis ochenta años lo puedo contar: a pesar de mi tristeza tuve que dejarlo. Acá me obligan a usar pañales y aunque hurgo en todos los armarios del geriátrico todavía no logro encontrar un mísero rollo de papel higiénico.


  • El sofá
    Autor: Andrés Obligado

    Enfrentado a una mesa ratona de madera y a dos sillones antiguos de mis abuelos, en el living de mi casa, se mantiene inamovible nuestro sofá. Con sus dos metros de largo por uno de ancho y setenta y ocho centímetros de altura, este mueble ha cobrado un fuerte valor simbólico ya que nunca ha sido sustituido ni modificado su lugar a pesar de los constantes cambios decorativos de mi madre. Su color es lo único que ha mutado y hoy se encuentra forrado en tela engomada de un blanco ya amarillento con flores dibujadas. No es lo que se podría decir cómodo, pero aún así cuando alguien se sienta en él, le va absorbiendo las responsabilidades y preocupaciones dejando la mente abierta a charlas, a la música y la televisión. Hay que aclarar que cuando hablo del “él” refiriéndome al sofá, hablo de “él” como una persona por que lo considero como tal y creo que tratarlo de “éste” sería una injusta subestimación. Familia numerosa la nuestra, somos diez: mi madre, cuatro hermanos, una hermanita, tres perros y él. Compañero mudo pero fiel, sufre de mis improvisaciones con la guitarra y las alocadas golpizas de mi hermano al bongó, pero él se mantiene allí, estoico, siempre dispuesto a recibir a cualquiera que sea invitado, familiar o perro sin emitir queja alguna. Es testigo, al encontrarse en diagonal al televisor, de mundiales de fútbol, películas, videos y también de algún que otro encuentro nocturno de parejitas inquietas. Si hay algo que lo hace más sorprendente es el hecho de que nunca lo vi vacío, por que siempre, entre los almohadones o en sus brazos, hay algo u alguien que descansa en él, ya sea la viola, el bajo, carpetas, frazadas, personas, animales, la pelota, paquetes de papas fritas, la cotidianeidad, vasos, botellas, ropa o la extraña sensación de libertad que se pasea por allí a todas horas.


  • Prácticos, serviciales... y molestos
    Autora: María Cecilia Esquinazi

    Las personas, desde los adultos a los más chicos, conocen su utilidad cómplice para el cuidado de la coquetería, y de la salud. Por lo general son livianos, presentan distintos tamaños – cortos, largos- y suelen ser algo puntiagudos. También son gordos, aunque les gusta disimular su silueta, utilizando un cinturón que los ajusta de tal manera que los hace un poco más delgados. Y si ello no les basta para obtener su contorno ideal, optan por sumergirse dentro de su abrigo: la funda.
    Están compuestos por diversos colores lisos como: azul, rojo, verde, amarillo, gris, negro, etcétera. Pero también hay algunos que presentan distintos estampados a cuadrille, en donde se cruzan diversas líneas desde gruesas a finas. Otros en cambio, poseen dibujos con las caras de los héroes o heroínas con lo que se identifican los niños.
    A la hora de entrar en acción, se destacan por ser muy dinámicos, porque exigen de su dueño que los retire de su envoltura, que los despliegue apretando tan solo un botón o a mano, para abrir su varillaje flexible cubierto de tela que permite resguardarse de la lluvia a su poseedor.
    Estos utensilios portátiles también son muy prácticos para ser usados como bastón por las personas mayores en aquellos días en los que no se sabe cómo va a influir el tiempo, y no queda más remedio que llevarlos encima por si acaso. Para el común de la gente, en cambio, se transforman muchas veces en algo bastante molesto. Porque deben lidiar con ellos bajo lluvias y vientos intensos. Y en ocasiones, cuando las condiciones climáticas empeoran, terminan rotos, dados vuelta y en un tacho de basura.


  • El cepillo de dientes
    Autora: Analía González Bravo

    Todas las mañanas estás ahí, erguido y estático esperando que te tome con mis dedos dormidos. No estás solo pero para mí sos único: mío, sólo mío. Con vos me brota el egoísmo, no creo que otras manos osen tocarte sin que una furia volcánica envuelva mi boca. Estás ahí, con tu cabeza mirando a la nada, con tus cabellos duros y con tus blancos y azules esperás colgarte de mi boca. Tu figura es poco común. Seguramente tu dios tenía interés en la aerodinámica. Sos panzón y tu espalda está recubierta de una capa gomosa un tanto pegajosa (¿serán los restos de tu infaltable compañera?). Tu cuello espigado parece contaminado de tumores. Me alejo y desde un rincón de tu frío aposentó te miro. Reptil, serpiente. Me recordás a una víbora. Tu creador te hizo con mucho pelo, quizá porque suponía cuán necesitados estamos de ellos, te los pintó de azul y blanco y ellos con el paso del tiempo exudan un olor mentolado. Me esperás sin impaciencia, te reconozco entre los otros y mi mano te rodea, casi hasta la asfixia. Corre agua entre tus hilos sedosos y pongo sobre ellos eso que te saboriza. Te acerco a mi boca, abro mis labios y mis dientes se descubren. Encuentro de dos que se convierten en uno. Yo te guío en la tarea, te hago pasear por cada rincón, cada espacio es tocado por tus cerdas envueltas en una blanca espuma. Te deslizas entre mis dedos y con vida prestada cumples tu misión matutina: borrar los restos de la noche, preparar la sonrisa para el día. Te coloco debajo de la catarata, te limpio. Húmedo nuevamente en tu sitio. Ahí esperaras por horas hasta que nuevamente me acerque a ti, te saque del frío cerámico, te abrace con mis dedos y puedas volver a colgarte de mi boca.


  • El crayón
    Autora: Laura Dal Poggetto

    Es un elemento que reproduce la forma del lápiz, pero manufacturado enteramente en un derivado de la parafina. Gracias a un proceso de pigmentación, al apoyarlo contra una hoja de papel u otra superficie y desplazarlo ejerciendo presión sobre ésta, dejará un trazo de color.
    El trazo puede ser liso, zigzagueante, ríspido, ondulado. Las variaciones son tantas como las que le quiera dar. Para que la línea que esté dibujando con su crayón se corte, usted simplemente debe levantar al mismo de la superficie en la cual está trabajando. Para continuar, vuelva a apoyarlo y repita los pasos previamente explicados. Si desea que el color se vea más intenso, presione con más fuerza contra el área de trabajo; al contrario, si quiere que sea más suave, ejerza menos presión.
    El papel no es el único material susceptible a la propiedades del crayón, particularmente si tiene una criatura viviendo en su casa. En ese caso, todo su hogar puede convertirse en el lienzo del pequeño Matisse que tiene por hijo. Un par de ejemplos sacados de la experiencia propia: paredes; libros –objetos a ser víctimas principales en la etapa de la infancia donde no se distingue la diferencia entre libro para colorear y una edición de principios de siglo del Don Quijote de la Mancha-; electrodomésticos de cualquier índole; extensiones de madera, sean mobiliarios o pisos, aunque no sabríamos decirle en el caso de los plastificados; puertas de automóviles, como así también el resto de sus partes. Prácticamente cualquier material puede ser dibujado con crayón.
    Cabe advertir a aquellos infantes y adultos curiosos, que el crayón no es comestible, independientemente de lo atractivo de sus colores y las denominaciones que las marcas que los producen le dan a éstos, como el caso del color “durazno”. Repetimos, el crayón no tendrá ni el olor ni el sabor de un durazno, y mucho menos contendrá los mismos nutrientes que el fruto. Al ingerirlo, lo único que tendrá en su estómago serán 5 gramos de parafina pigmentada.


  • Instrucciones para cambiar una bombita de luz
    Autor: Matías Fridman

    Todos aquellos que vivimos en ciudades y no en el campo, al depender de la luz solar, sabemos el malestar que produce entrar en una habitación y encender la llave de luz para que, sencillamente, no responda a nuestra pretensión. Una, dos, tres y hasta cuatro veces intentamos que la omisión de la iluminación sea un desperfecto técnico momentáneo. Al no ser así sólo atinamos a dirigirnos a algún rincón de la casa para revolver armarios, sucios y viejos, en búsqueda de la bombita reemplazante, no sin dejar de insultar y maldecir en voz alta este siempre inoportuno hecho.
    Volviendo al lugar donde se debe efectuar la modificación resulta imprescindible desalojar el cuarto, ya que no faltará, nunca, alguien que indique los pasos a seguir de manera molesta.
    Entonces, primero y principal, encerrarnos solos sin ningún tipo de compañía. Ponernos en ambos pies zapatos de seguridad con suela de goma y puntera de acero ante cualquier eventualidad de descarga eléctrica.
    Debajo de la bombita colocamos un banquito, preferentemente de madera, porque no es conductora de electricidad. Subimos en él en un perfecto equilibrio y con una mano tomamos el foco y desenroscamos hacia el lado izquierdo, mientras que con la otra mano tomamos la base del artefacto eléctrico.
    Una vez que retiramos la bombita quemada, sacamos de la cajita la que vamos a colocar, fijándonos previamente que su filamento no esté cortado, y la enroscamos pero ahora hacia el lado derecho hasta que sentimos que hizo tope en el fondo.Si de repente la luz se enciende, cumpliendo el objetivo final, y nos da una patada, significa que no tomamos el recaudo de cortar la llave general. Esperamos para la próxima vez tener en cuenta este paso.


  • Instrucciones para usar un ascensor
    Autora: María Soledad Zabala

    ¿Hasta dónde pretende llegar? Puede ascender muy alto, pero tenga cuidado porque cuanto más arriba esté, más rápido puede caer y más duro será el golpe.
    Primero presione el botón que está al lado del ascensor, de ese modo lo llamará. Hágalo una vez y espere que lo pase a buscar. En caso de transcurrir más treinta segundos sin que haya aparecido, vuélvalo a intentar. Algunas veces se hace el distraído y pasa de largo; o bien, elige a otras personas para realizar el viaje, porque usted puede no estar incluido en esa lista.
    Una vez que el transporte se detiene en el piso en el que se encuentra, extienda su brazo y su mano derecha (no la izquierda, porque ese gesto puede generar desconfianza). Luego, abra las dos puertas y asegúrese que efectivamente esté allí. Ingrese a su interior e inmediatamente ciérrelas de modo de evitar que suene la sirena, la cual anuncia que ha sido tomado y que aún hay tiempo de ingresar al mismo.
    Trate de no dejar rastros de su presencia, otros sujetos pueden pretender subir y si lo logran, retrasarán su llegada. Incluso pueden escalar más alto a costa de su propio esfuerzo por conseguir el elevador.
    Cuando esté adentro, respire profundo y decida qué nivel quiere alcanzar. Aunque haya seleccionado su destino, no se confíe. Puede que otro individuo lo haga bajar apretando simplemente un botón. Además, como todo producto mecánico no está exento de fallas técnicas y, por lo tanto, a causa de un pequeño desperfecto puede precipitarse. Se recomienda que ante cualquier duda consulte con su portero particular.El ascensor lo llevará y no le cobrará. Cuando éste se detenga acepte su voluntad y sin decir nada, descienda y no lo moleste más. Abra la puerta y diríjase al departamento que corresponda. Por último, corrobore que ninguna persona ajena ingrese al lugar. De ahora en más, no requerirá que lo trasladen, sólo sus piernas se encargarán.

  • El teléfono
    Autora: Liliana Chiernajowsky

    Cuando Bell lo creó, a fines del siglo XIX, nunca podría haber sospechado el acoplamiento que su invento lograría, cien años más tarde, en la vida cotidiana de los hombres y mujeres de todos los confines del mundo.
    Su función original fue superada por todas las que se le fueron agregando con el tiempo. Sus formas, transformándose de acuerdo a las diversas modalidades de sus usos, y éstos, desbordados por un cada vez más prevalente valor simbólico.
    Eso, de lo que hablamos, sirve para hablar con otros y recibir o dejar mensajes. Pero una entidad tal - de simple instrumento o mediador - es poca cosa para nombrar esta cosa. Esto lo sabe cualquiera con certeza cuando algo le ocurre al aparato. Un vacío se apodera del sujeto, un impedimento, una falta, un silencio. El artefacto mudo adopta una presencia que avasalla la atención, y su mudez se vuelve un imperativo que exige el más pronto arreglo.
    El objeto puede ser más grande o más pequeño, básico o sofisticado, sólo uno para todos los que habitan una casa, o varios, distribuidos en diferentes ambientes de la vivienda.
    Pero poseerlo o no habla de muchas cosas. No tener acceso a él puede llegar a producir el efecto de estar el hombre fuera del mundo, caído del planeta, incomunicado. Es un signo, ocupa un lugar en el imaginario humano y reinventa todo el tiempo su función. Resulta que ahora, se ha travestido de fijo a móvil, y ahí anda, por las calles, los bares, las aulas, los colectivos, los cines, su penetración no encuentra límites. La categoría de un útil funcional ya no le alcanza, porque, naturalizado como está, se ha convertido para los humanos en parte del propio cuerpo, inherente como el ver o el caminar, una manifestación del modo de ser.

  • El control remoto
    Autora: Maribel Mouzo

    Es muy posible que, a través de la realización de una encuesta exhaustiva, se arribe al resultado de que ésta se trata de la invención más maravillosa y virtuosa de los últimos tiempos. Sin lugar a dudas, este minúsculo objeto (que puede revestir diversas formas y colores) puede ser considerado el elemento más importante (incluso vital) para el ocio en el entorno hogareño, ya que nos salva de la ardua, rutinaria y conflictiva tarea de alejarnos, aunque sea un instante, de nuestros confortables sillones, permitiéndonos de este modo comandar prácticamente todos los aparatos electrónicos que se encuentran en una casa desde distancias remotas. Allí radica su grandiosa y casi mágica utilidad. Se los puede encontrar de color negro o gris en diferentes tonos y en distintos tamaños, que generalmente van de los cinco a los veinte centímetros. Su característica fundamental tal vez sea que, en su superficie, posee unos numerosos botoncitos que, al ser presionados por el dedo pulgar (unas veces levemente, otras con energía), se activa la operación que la plaqueta electrónica que se halla en el interior de las dos capas que conforman este artefacto, tiene reservada para la función del botón que ha sido presionado. El objeto que controla a la distancia el televisor es indudablemente el más relevante y usado de todos. Desde la lejanía de un asiento, uno tiene la todopoderosa habilidad de crear un mosaico de imágenes por medio del prodigioso zapping, e incluso construir así un mundo a la medida que uno apetezca. Pero además del cambio de canal, tiene otras funciones, tales como variar el volumen y el color, y adaptar el aparato a
    diferentes tipos de sonido.

  • La mochila
    Autora: Carolina Ailín Sejas

    Cuanto más pasa el tiempo más indispensable se vuelve en mi vida. La nobleza es su característica primordial aunque nunca sea retribuida y reconocida de la manera en que se merece. Por el contrario, la mayor parte del tiempo la encuentro tirada sobre montones de papeles o simplemente apoyada sobre algún suelo de baldosas frías.
    Hay momentos en los que ansío tanto encontrarla que visualizar su azul profundo o un pequeño cordón de su linaje hace que el corazón se me llene de esperanzas.
    Siempre compañera en circunstancias realmente importantes, sobre todo viajes de corta y larga distancia. Gracias a su capacidad de albergar los elementos más insólitos; algunos de estos la dañan y mucho, pero ella siempre silenciosa y solidaria, mi mochila.
    En días lluviosos, soleados o ventosos, firme, cuidándome las espaldas, transportando lo que equivocadas veces considero imprescindible.
    Debo tener en cuenta que, en ocasiones, parece que ella me transporta a mí y no a la inversa.
    Tantos cierres y compartimentos se entrecruzan en su cuerpo que a veces se confunde su verdadera forma.
    Diseñada para soportar grandes cargas por sus varillas de fierro internas, logra incomodar a varios, sobre todo en lugares de gran masividad.



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