
Veo, veo...
Ver, oler, oír, escuchar, tocar, percibir, sentir, degustar; son algunas de las tantas acciones indispensables que se ponen en juego al momento de describir, de pintar con palabras aquello que se quiere relatar. La descripción pretende evocar en la mente del receptor las imágenes más parecidas a lo que se intenta reflejar.
Como en todo relato, depende de la perspectiva del autor y de lo que desee comunicar: una visión subjetiva de un objeto, una persona, un lugar o un hecho; o despertar y transmitir sentimientos y emociones, por ejemplo.
Nada se le escapa a la lupa de la descripción, porque todo cuanto es percibido puede ser contado de este modo. Se trata de construir una visión fiel para que el lector se sienta parte de ella.
En relación a la técnica, no hay recetas fijas aunque se recomienda partir de una observación minuciosa y detenida de la realidad. Luego, como es imposible enumerar todos los rasgos, hay que seleccionar los más destacados y ordenarlos en forma coherente según el propósito del autor. El lenguaje debe ser claro, conciso y animado. Es fundamental el uso de frases breves, sencillas y perfectamente estructuradas.
En este tipo de textos predomina el sustantivo, porque nombra a los objetos y clasifica estados y seres. El uso de adjetivos exige cuidado. Se emplean para completar la información que da el sustantivo; destacar las características más relevantes de un objeto o proporcionarle mayor expresividad a lo sensorial (colores, formas, tonalidades, matices, caracterizaciones de ambientes, diferenciación de sensaciones, condiciones particulares, clima de las circunstancias).
El adjetivo debe evitarse cuando reitera el sentido que expresa el sustantivo (deuda impaga, olor desagradable); y cuando sólo manifiesta vaguedades que pueden reemplazarse por formas precisas (mucho: había más de un kilo de carme por persona; ridículo: a pesar de estar en penumbras dentro de un restaurant, no se sacó los anteojos de sol; alto: un edificio de 80 pisos; antiguo: más de tres siglos de existencia).
Algunos elementos (hay muchos otros posibles) para tener en cuenta al momento de observar:
PERSONAS
Aspecto físico:
Características generales, rasgos físicos, señas particulares (formas de ser, de mirar, de caminar, de sonreír), gestos, costumbres, reacciones, conductas, comportamientos (¿qué revela su cuerpo?, ¿habla con sus manos?, ¿cómo se mueve?), formas de pensar, carácter, aspecto (¿qué sugiere?, ¿hay marcas del pasado?).
Comunes, habituales:
Dimensiones, características particulares, funciones, distribución, ambiente, paisaje, comparaciones, condiciones de clima, estética, estilo arquitectónico, sonidos habituales, colores, olores. ¿Cómo se mueve la gente en relación al lugar?
HECHOS
Desastres, emergencias:
A lo anterior se le agrega la magnitud, las consecuencias, la situación de las víctimas, la actitud de los equipos de socorro, los medios con los que cuenta, las características ambientales del lugar.
Espectáculos:
Características del escenario, el decorado, la escenografía, las luces, el sonido; actitudes y reacciones del público (entusiasmo, apatía, grado de participación, cánticos, banderas, leyendas, atuendos, aspectos, rarezas y extravagancias).
OBJETOS
Elementos, dimensiones, función, utilidad, significado, características, colores, olores, sonidos, materiales, antigüedad, estado, historia que encierran o pueden encerrar, antecedentes, estilo, género, origen.

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